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Esta prueba diagnóstica permite al urólogo obtener muestras de tejido de diferentes porciones de la próstata que podrán examinarse al microscopio para detectar la posible presencia de un cáncer de próstata.
¿Cuándo se debe realizar?
Se suele realizar una biopsia de próstata transrrectal dirigida por ecografía cuando existe sospecha de que pueda haber un cáncer en la próstata, bien porque la exploración de la próstata mediante un tacto rectal revela la presencia de algún nódulo o bien porque la determinación en sangre del antígeno prostático específico (PSA) es anormal.
¿En qué consiste la prueba?
Normalmente se realiza la biopsia con el paciente tumbado sobre un lado, con las rodillas encogidas, en contacto con el pecho. Normalmente, el urólogo realiza un tacto rectal para evaluar el tamaño y las características de la próstata y si existe algún impedimento para proceder a la exploración. Posteriormente se introduce en el recto un transductor ecográfico especial, recubierto con un profiláctico y lubricado para que el proceso no resulte molesto. El transductor es un cilindro ligeramente más grueso que un dedo de la mano, que emite ultrasonidos que se reflejan en la próstata, generando una imagen visible en un monitor de televisión.
Tras el estudio ecográfico de la próstata, se utiliza una guía especial que ayuda a dirigir la aguja de biopsia a las zonas prostáticas que se desea estudiar. La aguja de biopsia está conectada a un dispositivo disparador, que introduce la aguja a gran velocidad dentro y fuera del tejido prostático, obteniendo un cilindro de tejido, que se introduce en un recipiente en formol, reflejando en una etiqueta la localización prostática de referencia (base de la próstata, tercio medio o ápex izquierdo o derecho). La mayoría de los pacientes experimentan ciertas molestias durante la biopsia, pero como es tan rápida, tan sólo duran un segundo.
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